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Cambio Climático

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Medida del Hombre
Gente Sensata

¿Sabe usted qué es el cambio climático o calentamiento global?

Por lo general, con esos nombres se denomina a la variación del clima de la Tierra , producida tanto por los fenómenos naturales como por la acción del hombre, cuya actividad nociva fue incrementándose a partir de la revolución industrial iniciada el último cuarto del siglo XVIII.

Con seguridad, en fechas recientes el cambio climático ha llamado su atención, posiblemente por estas dos razones: el tema acaba de ser eje central de la reunión del G-8 (Grupo de gobernantes de los ocho países más poderosos del mundo); y porque en estos meses usted, como muchas otras personas, habrá sentido en carne propia el calor tan agobiante que nos aqueja en el país.

Dirá: “pero, ¿a que viene todo esto?, si el calor no me afecta en lo más mínimo. En mi domicilio y en mi auto hay clima artificial y yo casi no ando a pie por la calle.”

En verdad, usted es afortunado, ¡qué bueno que así sea!, porque es un privilegio no ser afectado por el cambio climático como lo han sido millones de personas en el mundo. De todas maneras, creo conveniente que sepa que el cambio climático es la mayor amenaza medioambiental a la que se ha enfrentado la humanidad en el último cuarto de siglo.

La variabilidad del clima ha hecho que acontezcan alteraciones significativas en las precipitaciones: lluvias intensas e inundaciones sin precedente en zonas donde antes eran escasas y la pérdida de miles de hogares; sequías lacerantes donde usualmente llovía torrencialmente y la consiguiente destrucción –reparable sólo en cientos de años— de enormes extensiones de bosques; reducciones catastróficas del volumen de agua en áreas densamente pobladas; en fin, la consecuente vulnerabilidad de poblaciones que resienten el efecto combinado entre la elevación de la temperatura y el cambio en la densidad de las precipitaciones y de la evaporación.

Habrá que decir que todos estos accidentes de cambio climático tienen mucho de injustos porque, en particular, afectan a las personas de muy pocos recursos para enfrentarlos. Son, por qué no decirlo, las que sufren las peores consecuencias. En los últimos veinte años, el número de afectados por dichos fenómenos se triplicó.

Y, ¿todo quedará ahí? De ninguna manera. En el Tercer Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), se prevé muy probable que cientos de millones de personas se hallarán en grave riesgo por el cambio climático; que un creciente número de personas sufrirán –además de los más intensos calores de la historia, como en Grecia y en otras partes del mundo— la escasez de agua, la malaria, el hambre y las inundaciones costeras ocasionadas por ese fenómeno.

 

Sin duda, le vendrá la pregunta: ¿Quiénes son los responsables de estos problemas? En principio, todos somos responsables. Le diría que la sociedad en general es carente de una cultura sobre la importancia de la relación humana con la naturaleza; igualmente, carece de conciencia respecto del daño de nuestras malas conductas al ambiente que nos arropa. En pocas palabras, nos hace mucha falta educación, un comportamiento ético, en la relación nuestra con el entorno.

 

Pero, la gran responsabilidad del problema la tienen principalmente los gobiernos y los poderes fácticos de los países desarrollados, sobre todo los que se han negado deliberadamente –inclusive mentido y ocultado información a sus gobernados— a tomar medidas para aminorar el daño que sus industrias contaminantes, dentro y fuera de sus territorios, ocasionan a la atmósfera.

 

Y, ¿qué hacer para combatir el cambio climático? Los especialistas coinciden en que el cambio climático se puede combatir de muchas maneras. La clave –dicen—

es evitar el derroche, por ejemplo, de la energía que no se necesita y del alimento que no se comerá.

 

Explican: está probado que el derroche contribuye al cambio climático. Por ejemplo, un foco de 100W encendido sin necesidad durante horas, posiblemente no sea gravoso para una persona. Pero, si los 100W y el número de horas los multiplicamos por cien millones de personas, sin duda se estarán enviando toneladas de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera.

 

Junto con el metano (gas que se produce por la descomposición de los residuos orgánicos), el dióxido de carbono es un gas productor del efecto invernadero. Dentro de un rango determinado, el CO2 contribuye a mantener una temperatura habitable en el planeta; si ese gas faltara, éste se convertiría en un bloque de hielo ; ¡ah!, pero si lo producimos en exceso, exacerbará el efecto invernadero , se bloqueará la emisión de calor a la atmósfera y provocará el mayor calentamiento del planeta.

 

En los últimos años, la cantidad de CO2 ha aumentado tanto que, según los científicos, ha contribuido a un creciente calentamiento global del clima planetario; es decir, al cambio climático.

 

Así que bajémosle al CO2. Todos, absolutamente todos, podemos ayudar a impedir el cambio climático. Sólo se requiere que sigamos ciertas pautas de conducta, todas fáciles de cumplir sin el mayor esfuerzo. Por ejemplo:

 

•  no desperdiciemos la energía que no utilicemos;

•  tampoco desperdiciemos el alimento, evitemos tener que echar el sobrante a la basura (produce metano);

•  no usemos el auto si podemos ir caminando;

•  usemos en nuestras casas gas natural y no gas butano. Éste produce cantidades enormes de CO2;

•  no desperdiciemos agua ni la contaminemos, aprendamos a ahorrarla (se dice que en algunos años el agua será motivo de invasiones a países que la tengan);

•  consumamos sólo productos que respeten el medioambiente (orgánicos les llaman);

•  no compremos productos importados que provengan de empresas contaminantes;

•  reciclemos todo lo usado o separemos lo inorgánico en la basura para que otros lo reciclen; y

•  cuidemos la vegetación a nuestro alrededor.

 

Si se le ocurre otra recomendación, agréguela a la lista. Entre todos podremos recuperar el clima que teníamos hace más de veinte años. Hoy, la que llamábamos ciudad de la “eterna primavera” parece casi un infierno en el verano y de la “región más transparente” sólo quedó el recuerdo.

 

Contribuya. ¡hágase el propósito de evitar el CO2 y el gas metano!

 

Cordialmente

Armando Palacios